5 de diciembre de 2008
Un domingo
Domingo lluvioso, ¿qué más da si hay sol o llueve?, las calles se iluminan, los árboles desaparecen a mi al rededor. Y es ahí, la parte en que mi corazón se siente chiquito, y mi mente empieza a buscar... en algún lugar sé que estás. Camino cuadras y cuadras, hasta llegar a una plaza llena de recuerdos, mire hacia donde mire, te recuerdo ahí sentado en ese banco; sonriendo y llorando; empezando, terminando y volviendo a empezar, una historia que más que historia es una realidad. Entonces me acomodo en algún lugar mirando el cielo, observando las estrellas, recordando; tu piel, tu aroma y tu voz, todas aquellas cosas que habitan mi mente y no podría olvidar jamás; tus ojos, tu sonrisa, tu pelo, tus manos, hasta aquella manchita escondida en alguna parte de tu cuerpo. Todo aquello que me llena por dentro, que me hace sentir viva, acompañada aunque a veces me sienta sola, muy sola en esta ciudad, se que me acompañas, porque sos parte de mí, de mis recuerdos, de mi presente aunque estés lejos. Vuelvo a casa, sin importarme si llovió, nevó o estuvo esplendida la noche, pero vuelvo no sintiéndome igual, ya no me siento sola, ahora te siento conmigo.
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