Me había acostumbrado a tus besos al amanecer, tu ausencia por unas simples horas, a tu compañía en las noches y soñar abrazada a vos.
Me había acostumbrado a renegar por unos pocos caprichos, y a sentirme tu madre y mujer a la vez.
Me había acostumbrado a ser una familia, y a muchas otras cosas también.
Y hoy extraño tu presencia, mi alma va en pena y ya no ve la hora en que vuelvas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario